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Profeta entre los suyos
No creo que los profetas necesiten de otra tierra para mostrar la verdad de su palabra. El poeta es un profeta entre las cosas vivas: las calles, las pedradas, los escupitajos de los adversarios, la ternura viva de los amigos. Somos profetas viviendo entre las cosas nuestras. Descendemos por el lomo de la patria, por el corazÛn de lo que amamos, por la hiel de lo que odiamos. Yo siempre vivo entre lo mÌo. Lo que escogÌ lo quiero por propia decisiÛn. Lo amo porque conozco la exacta medida de su gloria y de su oprobio. Digo mis palabras para que las entiendan, o las amen, pero tambiÈn para que caigan sobre la piel dormida de los otros. Somos alguna vez la voz del pueblo. Nuestra propia voz temblando por encarnar una sÌlaba, un retazo de pensamiento ajeno, la energÌa que salta viva de alg.n m.sculo. Los poetas son profetas de la piedra, del barro, de la fruta viva entre los dientes, del humillo que se alza de las calles despuÈs de una llovizna. Yo vivo entre mi tierra ardiendo. Me plantaron bajo este cielo como un ·rbol. Mis hojas, mis tallos, la floraciÛn de mis palabras y el fruto final de mis esfuerzos son para todos: amigos y adversarios, minerales o vivos. El profeta no necesita de otra tierra: la propia lo salva del silencio oscuro de su casa.
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