Profeta entre los suyos
No creo que los profetas necesiten de otra tierra

para mostrar la verdad de su palabra. El poeta

es un profeta entre las cosas vivas: las calles,

las pedradas, los escupitajos de los adversarios,

la ternura viva de los amigos. Somos profetas

viviendo entre las cosas nuestras. Descendemos

por el lomo de la patria, por el corazÛn de lo que amamos,

por la hiel de lo que odiamos. Yo siempre vivo

entre lo mÌo. Lo que escogÌ lo quiero

por propia decisiÛn. Lo amo porque conozco

la exacta medida de su gloria y de su oprobio.

Digo mis palabras para que las entiendan, o las amen,

pero tambiÈn para que caigan sobre la piel dormida

de los otros. Somos alguna vez la voz del pueblo.

Nuestra propia voz temblando por encarnar una sÌlaba,

un retazo de pensamiento ajeno, la energÌa que salta viva

de alg.n m.sculo. Los poetas son profetas de la piedra,

del barro, de la fruta viva entre los dientes, del humillo

que se alza de las calles despuÈs de una llovizna.

Yo vivo entre mi tierra ardiendo. Me plantaron bajo este cielo

como un ·rbol. Mis hojas, mis tallos, la floraciÛn

de mis palabras y el fruto final de mis esfuerzos

son para todos: amigos y adversarios, minerales o vivos.

El profeta no necesita de otra tierra: la propia

lo salva del silencio oscuro de su casa.


(Alfonso Chase en El libro de la Patria)