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OBRA RECIENTE: Concherías ISBN 9977-23-287-7 2 ed., 161 págs. Pedidos
al tel. (506) 253-5354 ext. 122 |
POEMA COSTUMBRISTA INCLUIDO EN EL LIBRO CONCHERÍAS:
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MERCANDO LEÑA
-Mirá, por vida tuyita,
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y no cuento potrerajes de las bestias que me echaban, ni las jumas que ponía, ni las gomas que quitaba. Y usté hace viajes a Heredia, y usté sale de Santa Barbara, y usté se las manda abrir al Barrial o a la Pitaya: ya pa l'Alajuela o l'Uruca o a la punta de la trampa. Y usté aguanta malos modos, y usté aguanta pachotadas de todos los cevilistas, ¡ qu'eran la gente malcriada ! Aquí te pongo un letrero, allí te pinto una cara con dos orejas de burro y abajo su malacriansa. Ya te decían "tal por cual", cuando no te la mentaban. Hasta el cura, con ser cura, con inderectas andaba. Pos bueno, pasó las cosas; se salieron con sus ganas, y otra vez los encajaron a don Rafael en las ancas, Un que bebiendo castos, le dimos a Dios las gracias de que pusiera remedio a tantísimas jodarrias. Yo dije: ¡ya descansamos! Pos mirá lo que te faltaba: llegaron dos polecías, me registraron la casa, y no dejaron ni un cofre sin levantarle la tapa; ya andaban en los armarios, ya debajo de las camas; ispiaron en la retina, me desnudaron la Santa, y si no es que la Jelipa, con el chingo se les para, quién sabe si no se atreven a lenvantále las naguas. Así que se dieron gusto, y me quitaron en plata como once onsas y un billete que tenía de Nicaragua, me llevaron al cuartel, mi'atoyaron a una sala 'onde había doce mancuernas de individuos de mi causa. Después de hacélos jurar y dálos unas trapiadas, en que pusieron cual chuicas agüelos, padres y mamas, los preguntaron el sitio 'onde teníamos las armas. Todos contestaron: "Cuales?..." Hombré, por poco los matan; sacaron a medio patio ocho soldados y una banca, y va de voltiar cristianos, y va de volales vara. Y todo el que iban alsando su poso de miaos dejaba. No creás qu'es por alabame, ¡ si vos me vieras las nalgas!... "A mi no me andés con cuentos, decime, ónde están las armas?, o te ajusilo, ¡ canastos ! ", el cabo los preguntaba. Yo me ponía helao de l'ira, y los oidos me sonaban; pero como no podía, así amarrao como estaba, agarralo del pescuezo, o extrangulale la pansa, me conformé con dicile, una vez: ¡Mirá que rabia! "Quiere saber onde están?... Pregúnteselo a su mama." Habís visto el Día el Juicio? Pos yo vide ! carastas ! Con sólo eseisión de tiros cuanto tenían me tiraban: anduve sobre las mesas, anduve bajo las bancas: ya andaban con las manos. ya me arreaban con las patas. Hasta que me fui de mí me llevaron a la sala. Estuve como tres días sin sentidos y sin habla. Cuando me recuperé tenía la mano quebrada, y esta nube en el izquierdo, y esta pelota en la pata, y me faltaban los dientes que no tengo en las quijadas. Y estuve sin ver un puro lo menos cuatro semanas; y sin mascar una cuecha ¡ quién sabe cuánto, caramba! Lo que era la comidilla l'hacían una sarabanda con la pura bayoneta, la voltiaban y voltiaban, y se comían lo mejor, y el chilate los mandaban, y los ponían por pretesto que buscaban unas cartas. Cartas en la sopa? ¡chanchos! En el infierno se l'haigan. Apenas los dieron suelta, me arrebataron tersianas, y estuve casi tres meses, de día por medio, en cama. Un cinco, con ser un cinco, por mi vida naide daba. Si nu'es don Juan, que en la gloria lo tenga Dios, no contara a l'hora de hora este cuento. -¡Ese era dautor, carachas! -Querés que te hable más claro? -Tenés razón y te basta: no se la des ni al obispo. -Hombré, pos había de dásela. Si hubiera guerra, se entiende, o se bebe o se derrama, que allí todos defendemos familias, cercos y casas; pero entre los mesmos, hombre, no le miro yo las gracia. Dejémole a los que saben si se han quemao las pestañas, un día con otros, en l'escuela, noche tras noche en la casa, que busquen entr'ellos quien mande, si bien los mandan; y que carguen con sus cluses, con sus hojas y parrandas. Y si los'otros queremos de deveras al Patria, escribamos con el sacho, discurciemos con la pala, porque el días que los metamos nosotros a legislala, se muere di'hambre la gente: la levuda y la descalsa. A mí pídamen la vida, ¡Pero la firma!... ¡Mirala!... |