Buscar

Mi Cuenta
Usuario
Clave
Registrarme
Recordar Clave

Esta tienda está autorizada por
Visa y MasterCard para realizar
transacciones electrónicas.

Manuel Argüello Mora

Las nuevas generaciones no conocen su nombre, porque un velo denso de olvido cubrió su efigie por largos años. En la Biblioteca Nacional quedaron dormidos los saldos de viejas ediciones, que hoy, al conjuro de manos sabias, salen de nuevo a la luz, para darnos la ocasión de conocer a través de su obra, a don Manuel Argüello Mora, ilustre costarricense a quién quisiéramos describir en breves líneas.

No evocamos al escritor nacional de diáfana prosa, sino al hombre como esencia misma de gran valor. Una pincelada de acierto nos lo mostrará erguido, afectuoso, pequeño de estatura, con paso seguro, llevando con elegancia de gran señor, su sombrero y su fino bastón con punta de oro, con el cual señalaba el motivo de su breve crónica con toques de fin a ironía y verdadero sentido del humor.

Fue proverbial la ingenuidad y la sencillez de niño con que gustaba de las cosas simples. Ágil y festivo no gastó las facultades intelectuales en la ciénega de la política rastrera. Hizo honor a la aristocracia de cuna y de talento manteniendo intacto su prestigio. Como no era personaje de ornamentación y caminaba por senderos limpios, le salieron al paso la malicia y la traición, pero su respuesta fue de suprema lealtad para la patria y la familia. Los frecuentes viajes al exterior, la vida lujosa en los círculos sociales e intelectuales, los altos cargos desempeñados con acierto, hicieron su obra fértil en el campo de la erudición. Fue un talento el suyo de fulgores cambiantes, que dieron a sus cortas novelas, un colorido audaz y una chispa ingeniosa. Vivió un capítulo importante de nuestra historia patria, acompañando en el destierro de horas opacas, con todas las amarguras y pesadumbres, a los próceres de Costa Rica.

Esos sucesos de trascendencia nacional bastarían para no olvidarlo nunca. Por muchos años guardé con veneración el escritorio, también pequeñito, que le perteneció como herencia de singular afecto de su amadísimo tío don Juan Rafael Mora. Cuántas veces recorrí con manos ansiosas aquellas gavetitas, con el vehemente deseo de hallar algo de su presencia que diera expresión y vida a mi anhelo. La mariposilla cobalto que de seguro aletea muy cerca de la tumba donde apenas existe un puñado de tierra, es la luz esplendente de su espíritu imposible de aprisionar y que mantendrá viva su memoria.


Editorial Costa Rica
Todos los Derechos Reservados 2018