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Claudio González Rucavado

Narrador, periodista, pedagogo y abogado costarricense, nacido en San José en 1878 y fallecido en 1928. Autor de una brillante producción narrativa que, pese a su extrema brevedad, alcanzó de inmediato las mayores cotas de calidad literaria en la Costa Rica de comienzos del siglo XX, está considerado -junto a otros grandes narradores de su generación, como Jenaro Cardona y Joaquín García Monge- como uno de los fundadores de la novela costarricense.

Hombre de acusada vocación humanística, cultivó la creación literaria sólo en sus años juveniles, para consagrarse posteriormente a otras actividades profesionales que, como la docencia, el periodismo y la literatura, le convirtieron en una de las cabezas descollantes de la vida pública y cultural de su nación. Por su fecha de nacimiento y por el período en que se dedicó a la escritura de ficción, Claudio González Rucavado perteneció por derecho propio a la primera generación de escritores de las Letras costarriqueñas, un grupo de autores que, insertos en pleno proceso de forja y consolidación de la identidad nacional, buscaron dentro de su labor artística las claves específicas que permitiesen hablar también de unas señas literarias comunes a todos los escritores que compartían dicho territorio centroamericano. En medio de este vasto proceso de transformación, el escritor de San José reflejó en su obra los cambios que, desde los postulados del liberalismo económico y el positivismo filosófico, estaba experimentando una sociedad anclada todavía en el lastre del tradicionalismo, y empecinada a veces en identificar estos rasgos locales ancestrales con esas señas de identidad que buscaba desesperadamente. En esta situación de permanente conflicto interno, debatiéndose entre el dilema de asimilar las innovaciones introducidas por la implantación del capitalismo agrario y el liberalismo económico o aferrarse a esos valores morales, económicos y artísticos del pasado que parecían garantizar una cierta identidad nacional, la sociedad costarriqueña de comienzos del siglo XX quedó perfectamente reflejada en las tres novelas y el volumen de relatos que, por toda obra literaria, dio a la imprenta Claudio González Rucavado.

Dentro de estos postulados estéticos e ideológicos que definieron la aportación literaria de todos los miembros de su generación, la obra concreta del narrador de San José se caracteriza por su manifiesta inclinación hacia la mezcla de géneros y estilos, y, en general, por su naturaleza ecléctica, abierta a la asimilación de los elementos más variados. Así, entre las páginas escritas por González Rucavado aparecen huellas indelebles del cuadro costumbrista (subgénero presente en las obras de todos esos autores que forjaron la literatura nacional), pero también de cierto realismo escorado hacia la crítica social, de la antigua y tradicional prosa didáctica que no esconde su afán moralizante, de la reflexión ensayística orientada hacia el debate ideológico de la época, etc. Lógicamente, esta tendencia al eclecticismo produce algunos resultados que no pueden ocultar su dependencia de esa intención didáctica que ha guiado al autor desde el momento de ponerse a redactar sus obras; y así, la coherencia interna del discurso narrativo (tanto el plano argumental como en la construcción de los personajes que lo protagonizan) queda siempre supeditada al propósito ideológico o moralizante de González Rucavado.

La primera entrega narrativa del escritor de San José, publicada bajo el título de El hijo de un gamonal (San José: Imprenta Padrón y Pujol, 1901), aportó a las Letras costarriqueñas un arquetipo que habría de brindar un asombroso rendimiento en la narrativa del país centroamericano durante la primera mitad del siglo XX: el carismático personaje del campesino rico y poderoso (alguien similar al cacique habitual en numerosas regiones de la España decimonónica) que, en el relato de González Rucavado, abandona su hábitat natural y se traslada a esa gran urbe donde se están produciendo todas las transformaciones provocadas por el liberalismo económico, con el propósito de utilizar su poder y sus influencias locales para beneficiarse también de los cambios políticos. En la visión literario-didáctica del narrador de San José, esta actuación del gamonal constituye una especie de transgresión del orden imperante durante siglos, por lo que la moraleja no puede ser más rotunda: el abandono, por parte del gamonal, de su tradicional ámbito de poder conduce inexorablemente a su desarraigo espiritual y su aniquilación social.

Un lustro después de la aparición de esta novela (considerada, como ya se ha apuntado en parágrafos anteriores, como una de las piedras fundacionales de la narrativa nacional), Claudio González Rucavado volvió a los anaqueles de las librerías con una segunda entrega novelesca titulada Escenas costarricenses (San José: Imprenta Alsina, 1906). Obra de extraña y caótica estructura, esta nueva novela del autor de San José se centra también en las costumbres tradicionales de sus compatriotas y en las figuras que pueblan el agro del país, aunque desde una perspectiva menos pendiente de la crítica social que la adoptada en El hijo del gamonal. Así, en la primera parte de esta desorganizada narración triunfa el costumbrismo en todo su esplendor convencional, con una serie de presentaciones y descripciones de ambientes, personajes y formas de expresión que no aportan ninguna novedad a la narrativa que por aquel entonces estaban forjando otros autores interesados en los mismos temas que González Rucavado; sin embargo, en la segunda parte la novela daba un brusco giro y se adentraba por el sendero de la introspección psicológica, para analizar la peculiaridad de la pasión amorosa de Quirco, un campesino que, en su desesperado intento de alcanzar el amor de su patrona, se precipita hasta los hondones más turbios de la condición humana (como el delito, la hechicería y la locura).

Tras la publicación de esta segunda novela, Claudio González Rucavado dio a la imprenta una recopilación de sus relatos breves, publicada bajo el título de De ayer: niñerías (Id. Id., 1907). Centrado luego en otras actividades que reclamaban su atención profesional, no volvió a publicar una obra de ficción hasta pasados siete años, cuando regresó a los anaqueles de las librerías con ¿Egoísmo...? (Id. Id., 1914), novela que no aportó ninguna novedad de interés a su breve pero interesante producción literaria anterior.

Fuente: texto extraído de www.mcnbiografias.com

Editorial Costa Rica
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