Costa Rica precolombina
DAVID LUNA DESOLA
Adquirí hace pocos días un libro realmente notable.
El autor es Luis Ferrero. Lo conozco desde hace varios meses, y su personalidad no está desmintiendo sus obras. Hombre curioso, que ha consagrado su vida a la investigación y la cultura, ha dado con esta obra un ascenso espectacular que culmina en un clásico del ensayo costarricense.
La arqueología y la etnografía centroamericana y, en particular, las costarricenses, son ciencias verdaderamente difíciles. Un connotado profesor de la Universidad, me decía con aire socarrón, no sin expresar cierta verdad, que él tenía miedo a la clase de Arqueología de Costa Rica. Y es que el mencionado, al investigar, ha visto lagunas insalvables, de lo aun conocido e investigado. Ferrero ha tenido pues, una decisión digna del mayor de los encomios. Tuvo la visión del hombre de talento que conoce los límites de la empresa. Armado con una voluntad y amor que dieron sus frutos. El libro titulado Costa Rica precolombina (Editorial Costa Rica, 1975) es una obra editorial de casi 500 páginas, con ilustraciones magníficas correspondientes a dibujos, fotografías en blanco y negro y color. En el extranjero causará sensación la aparición de lo mencionado, pues se llena un vacío científico y al mismo tiempo se definen más los rasgos culturales del hombre centroamericano y costarricense.
Es una obra de síntesis que sirve al aficionado y al especialista, por lo claro de su exposición, así como por lo ameno de su estilo.
Ela libro comprende introducción: sus afinamientos a la metodología contemporánea. Arqueología de Costa Rica, con una síntesis de lo investigado, tratado en magistral forma. Etnohistoria con las dos corrientes de Mesoamérica y la Sudamericana. Es importante el capítulo dedicado a la tecnología en que se bifurcan las cuatro realizaciones más importantes: cerámica, la lítica, el jade y la metalurgia. Y la parte final trata de Estética precolombina costarricense en forma original y sugestiva.
En la parte final del texto es un mensaje dirigido a los artistas para que aparten su vista y corazón de París, New York y Tokio y vuelvan a lo nuestro que es realmente maravilloso. Apunta el autor, muy sagazmente, que los artistas precolombinos costarricenses no imitan servilmente modelos meso o sudamericanos, sino que creaban estilos propios que delataban una independencia de la influencia recibida. Lo mismo denotan una predilección más por lo microscópico, que por lo macrocósmico, y así vemos como esta tradición continúa al afirmar este certeramente lo siguiente: pág. 387 "Por un lado, nuestro precolombino al especializarse en lo pequeño no logró plasmar cosas colosales ni en arquitectura, ni en pintura mural ni en escultura. El costarricense del siglo 20, también ha desarrollado más en lo pequeño: en la prosa poética preciosista; en el cuento más que en la novela; en el artículo anecdótico y no en la ora erudita profunda y de fina penetración histórica; en la página breve ya fragmentaria y parcializante del ensayo y no en el tratado. El tratadista es flor exótica en Costa Rica".En: El Heraldo, lunes 10 de noviembre de l975