UN APORTE MÁS A LA CULTURA
ENTRE EL PASADO Y EL FUTURO


EL APOYO que el Banco Central ha dado a la cultura quedará plasmado en dos grandes obras: la Plaza de la Cultura y el libro Entre el pasado y el futuro, que sale hoy a la luz pública.
La institución emisora facilitó la financiación para que Luis Ferrero en 300 páginas enriqueciera los conocimientos sobre nuestros aborígenes, su cultura y tradiciones.
La publicación contiene, además 100 ilustraciones en colores que servirán de apoyo a su explicación histórica.
Ferrero, logra en su libro una valiosa obra acerca los principales aspectos que ligaban a la cultura de nuestros indígenas con las tradiciones sudamericanas.
El autor considera que expone una situación intermedia: "no es el ayer ni el mañana". Es un presente histórico. No se refiere a los amerindios arqueológicos ni tampoco a los amerindios transculturados por los españoles, sino que es un inventario de datos etnográficos.
Además, complementa con informes de los conquistadores que aunque son fidedignos considera que son incompletos para mostrar la naturaleza de una realidad donde los amerindios habían tenido fugaces contactos con los españoles.
El autor incursiona fundamentalmente en los grupos tribales, sus vínculos lingüísticos, sistemas de subsistencia, patrones de poblamiento, tipos de vivienda, organización familiar y política además de otros aspectos fundamentales para tener un panorama completo de lo que fueron nuestros antepasados.
Incluye como documentos valiosos transcripciones, por ejemplo, de Hernando Colón, Juan Vázquez de Coronado, fray Agustín Ceballos y fray Manuel de Urcullu.
Con la publicación, Ferrero contribuye a que hoy se convierta en un día inolvidable para la cultura del país.

ENTRE EL PASADO
Y EL FUTURO

JOAQUÍN JIMÉNEZ

LUIS FERRERO-ACOSTA nos sorprendió con su monumental obra Costa Rica precolombina, que en 1975 obtuvo el apremio nacional Aquileo J. Echeverría y el premio Áncora al mejor libro del año. Con este asombroso texto él renueva concepción del conocimiento de las culturas aborígenes de Costa Rica.
En 1985, el infatigable maestro Ferrero igualmente nos sorprendió con Perfiles al aire (Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, Alajuela), ¿Por qué prehistoria si hay historia precolombina? Y Sociedad y arte en la Costa Rica del siglo 19 (ambos libros publicados por la Editorial Universidad Estatal a Distancia). También son libros que dejarán profunda huella. Estos nuevos títulos son más pruebas de la capacidad que él tiene para ianves5igar la cultura costarricense.
Entre el pasado y el futuro es el texto gemelo de Costa Rica precolombina. Lo complementa. Lo enriquece y fija nuevos rumbos. Anotemos algún ejemplo: En todas las obras relativas a la historia de Costa Rica se dice que nuestro país estaba poblado por 27 mil indios cuando llegaron los españoles. Ferrero discrepa de este número y aplicó metodologías muy recientes de demografía histórica. Llegó a la conclusión de que, en Costa Rica, exceptuando el territorio hoy Guanacaste, había alrededor de 400 mil aborígenes. La cifra que él establece sí es muy convincente. Está más de acuerdo con la enorme cantidad de objetos arqueológicos que se conocen, y que pertenecen la período de 1350 a 1560 d.C. Por ende, muchos otros antropólogos han tomado esta cifra poblacional para actualizar sus textos.
Como el Maestro Ferrero comenta, interpreta los datos etnográficos de los informes coloniales, "incompletos e insuficientes para mostrar naturaleza de una realidad antropológica". Su metodología es convincente y tiene claridad de conceptos.
Ferrero va incursionando fundamentalmente en los grupos tribales y en los cacicazgos. Nos habla de los Tariacas, Viceítas, Corobicíes, Chomes, Tices, Catapas, Votos, Suerres, Coctus, Doraces, Guaymíes, Turucacas, Cuchiras, etcétera. Llega a la conclusión de que "aunque muestran bastante homogeneidad tecnológica hay también rasgos locales bien definidos que permiten dividir el territorio en varios subsectores de acuerdo con los niveles, variedades y adaptaciones culturales, según los diferentes microambientes. Todo ello producto de siglos en que estos aborígenes fueron creando finas adaptaciones culturales e intercambiando materia, energía e información con su medio. Por eso lograron crear un arte, una religión, un ritual, etcétera. Se crearon instituciones que varían enormemente de forma y función, pues los medios de subsistencia por lo general eran complejos, los oficios artesanales muy desarrollados y sofisticados, incluso, los rituales estaban regulados a pesar de los mecanismos niveladores".
Por cuanto el vínculo lingüístico es fundamental, explica que "existía una macrolengua o sea diferentes grupos de lenguas unidas por una cadena de microlenguajes que son el conjunto de lenguas mutuamente inteligibles entre ello. Ello debió mantener latente la identidad entrelazada de diferentes etnias para conservar durante la etapa colonial una gran cantidad de rasgos culturales sin mucho cambio".
Respecto a la alimentación, concluye que la utilización concentrada de proteínas fluviales o de cacería, los tubérculos y el pejibaye son rasgos diagnósticos de culturales tropicales amazónicas caracterizadas por la vegecultura.
En Costa Rica, también predominaba un sistema de cosechas múltiples que permitía la existencia de aldeas con varios centenares de habitantes. La combinación de raíces, cosechas de árboles y granos con énfasis en los primeros, "daña poco el bosque tropical que si se sigue el sistema de agricultura intensiva basada solamente en granos".
Así cabe destacar que también son significativas las explicaciones y conclusiones relativas a la arquitectura. La organización familiar basada en parcialidades matrilineales exogámicas constituye uno de los mejores capítulos. Lo mismo, el sistema político caracterizado por el cacicazgo, basado en el linaje o clan. Al respecto, fija nuevos rumbos en el estudio de nuestras comunidades precolombinas. Por ello, han surgido otros estudios que amplían las bases sentadas por el Maestro Ferrero.
Importantísimo es también el capítulo "Chamanes y creencias", el cual establece pautas para nuevas interpretaciones del arte de aquellos pueblos. Y sorprendentes son los hallazgos estéticos iconográficos que se consignan en el capítulo "Manufacturas y comercio".
El epílogo, "¿Y qué fue de los amerindios?" es una de las mejores síntesis de lo que significó la conquista española. El
Maestro Ferrero analiza la forma cómo el español desintegró los pueblos aborígenes y creó un sistema estricto de apartheid que pudo paralizar parcialmente el mestizaje a pesar del severo sistema de castas.
De extraordinaria importancia son las anotaciones que él hace a los cuatro anexos, de Hernando Colón, Juan Vázquez de Coronado, Agustín de Ceballos y Manuel de Urcullu. Las notas aclaratorias que pone al pie de página son un dechado de erudición que aclara tales documentos.
En síntesis, Entre el pasado y el futuro cumple con sobradas razones el propósito del autor de "suscitar interrogantes o sea el arte de dudar, descubrir, demostrar y dudar nuevamente". Otro es el concepto que el costarricense tendrá de los pueblos aborígenes a partir de esta obra.

En La Nación, 16 de agosto de 1987, p. 3-D