Discurso de aceptación del Doctorado Honoris Causa otorgado por la UNED a Luis Ferrero
Señor Rector de la
Universidad Estatal a Distancia
Master Rodrigo Arias Camacho
Señores Miembros del Consejo Universitario
Damas y caballerosPor usanza que entre nosotros es como hermana carnal de nuestros vicios, se hace alrededor de nuestros valores un vacío. Es una realidad lo que Unamuno decía en carta a García Monge: "Costa Rica descuida el pedestal de sus valores culturales". Son frecuentísimos los casos en que la indiferencia o la envidia, nos sacuden cada vez que se corre el peligro que nuestros valores van a dejarnos, o nos dejan. Un empujón de remordimientos nos hacen expresar nuestra gratitud, cuántas veces en forma de homenaje póstumo. Pero tal cosa no ha sucedido esta noche.
Un nutrido grupo de funcionarios y de jóvenes de la UNED, combatiendo aquello que decía Yolanda Oreamuno de "serruchar el piso", y ante el peligro que sucediera nuestro alejamiento, no esperó para prorrumpir en solicitar al Consejo Universitario que concediera el título de Doctor Honoris Causa, con el tributo cariñoso, a don Alberto F. Cañas Escalante, a don Guido Miranda Gutiérrez y a este servidor. Y este es un gesto insólito en nuestro medio. Y, al expresar mi gratitud por tan honrosa distinción, debo confesar que me honra muchísimo el estar junto a tan claros varones que tanto han contribuido a hacer la patria costarrricense, cuya contribución habrá de consagrarse entre las más significativas y fecundas. Y ahora, voy a contar una anécdota. Cuando se me comunicó por teléfono el reconocimiento, quien me telefoneaba me dijo que los tres doctorandos somos como una mano. Contamos con una sola mano, me repitió, y que el dedo de en medio, el dedo mayor, equivale al doctorado. De inmediato pensé que no hay que olvidar u omitir a los otros ágiles. Creo que lo que quiso decir que somos el índice, que como la flecha incansable de la brújula, vigila y orienta. Y esta observación de ser guías la devuelvo con cariño, nunca con juicios que vuelquen la verdad.
Y en mi caso me llena de orgullo, porque la Universidad Estatal a Distancia es una de las grandes revoluciones del siglo 20 en la educación costarricense. El llevar conocimientos a la distancia es un hecho prodigioso que aún no se ha medido a cabalidad y hay un antecedente en los cursos indirectos del Instituto de Formación Profesional del Magisterio, vigente en los años cincuentas y sesentas y que provocó la renovación de Costa Rica en aquellos años. En estos días actuales, la era de la informática -la tecnología nos seduce con la comunicación instantánea- y la computación nos ha lanzado como punta de lanza a otra dimensión, a la "realidad virtual" que es otra "la que nos está vinculando de otra manera". Pero que no olvidemos la realidad actual. Y recojo esta observación con la esperanza de que los estudiantes de la UNED han de contribuir a que nuestra América no coma las migajas del banquete de la civilización, como lo advirtió una vez Alfonso Reyes. Nada de hacer tabla rasa de lo que hemos ido acumulando de sabiduría.
En mi caso, para honrarme con el que rango de Doctor Honoris Causa, creo que pesó mucho el que soy filólogo, es decir: amante de las palabras. Los libros van creciendo en mí porque debo devolver las palabras que recibo de mis semejantes. La ayuda y la cooperación han de ser mutua; lo demás parece negligencia. La cooperación obliga, como la nobleza.
Así, de costumbre, por respeto a mis semejantes (¡y por qué no de mí mismo!), me sujeto a una función de calidad. Las exigencias son enormes. Y exigirme calidad es bueno para mí. Porque me obliga a pensar bien las palabras que debo pronunciar (o escribir) en libertad, pues el escribir no es como arrojar maíz a las palomas. Las palabras no llegan al alma del lector solo por lo que significan. También, llegan por su tono y por las asociaciones que despiertan. Leer es como tragar semillas que germinarán. Y esto me anima al tratar de dar palabras que puedan orientar o despertar la curiosidad.
Y en esto, como en todos mis actos, me anima un sentimiento solidario porque creo en la solidaridad, pues trato a la gente de igual a igual, pues nada de mirar desde arriba. A esto me llevó el amor por las palabras, pues, repito, etimológicamente filólogo significa amante de las palabras.
En el fondo, todos mis años de escritor expresan la voluntad de justicia al buscar las raíces del poder creativo de la voluntad que demuestran los pueblos. Y esto, porque ¡Qué sentido tiene el vivir, si lo que sabemos no se comparte con nuestros semejantes! Además, cuando escribo tengo muy presente aquello del Lucem aspicio: miro la luz, contemplo la luz. Y me acuerdo también de un consejo de don Joaquín García Monge: "Revisemos, estudiemos lo que concibieron y realizaron nuestros mayores. Alléguese a los jóvenes la erudición fina y amena, con vistas a la exactitud, pero también a la gracia, al arte y a la filosofía, sí, a la filosofía. ¿Cuándo estudiaremos y enseñaremos nuestra historia con este ánimo? Y entonces, a echar de menos los bienes perdidos, a rectificar errores pasados, a sustentarse, a rehacer, a crear".
En todas mis indagaciones de la cultura costarricense, siempre me ha guiado el vocablo nahuatl tlapializtli que significa "acción de preservar o guardar algo". El hombre nahua sostenía que la topializ es la idea de estar en posesión de un legado e implica la necesidad y obligación de preservarlo en favor de los propios descendientes. En mí vibra el sentimiento que el pueblo nahuatl llamaba la topializ, o sea, lo que los pueblos germanos llaman heimat y la civilización grecolatina tradición. Precisamente por eso, considero que el hecho social enlaza al ser humano con el universo pasando por la aldea, la ciudad, el país y el continente y que todos los hechos se encadenan y concatenan para formar la trama básica de la Historia.
Y la UNED, nuestra UNED, ha venido conformando esa raíz, esa tradición que vincula a sus estudiantes con la aldea, la ciudad, el país y el continente para encadenar los hechos y concatenar de alguna forma la trama básica de la Historia.
Mi mensaje reiterado a quienes entregan esfuerzos a la enseñanza en la UNED es la lección de crear y formar en cada ser un deber humanitario para que se cumpla una de sus enseñanzas. Enseñar a vivir en sociedad. A la vez -insisto- la sociedad debe proporcionar los elementos básicos para la existencia: libertad para crear y vivir, belleza para convivir y hacer el bien.
Y coadyuvando mis esfuerzos con los de la UNED, me mueve dar a los jóvenes algunos elementos o referencias para que puedan crear nuevos proyectos sociales de cambio. Para encadenar la dinámica del cambio, es necesario sacar de cauce el pasado, llenándolo de inquietudes, descubriendo posibilidades nuevas y matando sus mentiras. Pero no olvidemos el patriotismo de la Costa Rica histórica tan recia, seria y viril. No olvidemos las condiciones de los fundadores: constancia, amor apasionado y tenaz a la obra. Al mismo tiempo, el sentido de organización y prudencia, sin los cuales no se edifica nada estable. La disciplina es decisiva en la vida del ser humano. No hay que retroalimentarse de sitios cerrados. Hay que tener ojo de águila para otear horizontes.
Quiéranlo o no, jóvenes estudiantes de la UNED, la palabra escrita ha de reordenar el desastre económico - político en esta interdependencia económica, avances tecnológicos, comunicaciones instantáneas. Ahora, la contextualización dinámica del ser humano es la característica, y la transculturación resultante en la que la fluidez del internet en las culturas contemporáneas diluye las fronteras entre países y entre pueblos. Y ahora más que nunca urge creer para crear, para crecer.
Ingenuamente un día señalé a don Joaquín García Monge que el triángulo de CREER, CREAR, CRECER -que yo creía garcíamongeano- lo había leído en Martí. Y don Joaquín me respondió con una cita martiana: "El que sabe lo que sabe y lo guarda, lo pierde. El que sabe lo que sabe y lo da, lo gana". Y desde entonces éste ha sido mi undécimo mandamiento. Y no me canso en aconsejar a los jóvenes esto de creer, crear, crecer.
Creo que fue por las razones que ahora confieso, se me confirió el grado de Doctor Honoris Causa, que para mí representa una gran responsabilidad para no cejar en mi lucha por la educación de Costa Rica. Y, sobre todo, muy honrado porque sea la Universidad Estatal a Distancia institución a la que estoy ligado a través de su editorial desde que ésta se fundó. Me acerqué a la UNED porque no encontré entre sus dirigentes a los que se figuran que se lo saben con panza de catedrático y anteojos. Nada de eso. Me encontré buenos hombres y mujeres con ideas madres sin giros rebuscados. Hablan como beber agua, familiarmente. Gente que lucha porque en Costa Rica no haya gente como la de las zafras argentinas, las fazendas brasileñas, los yerbales paraguayos, los rotos chilenos, los pelados mexicanos o los indios guatemaltecos. Y a través de la enseñanza a distancia, que es muy penosa, han orientado el pensamiento de las nuevas generaciones, sin que este sea una crítica o un elogio pagado. Los libros que la UNED ha publicado tienen la virtud de despertar en sus lectores un sentimiento de investigación, una curiosidad científica, una necesidad de saber más allá de la fe ciega que no sabe nada.
Y hoy, estos hombres y estas mujeres, nos sientan en mesa de amigos, tendida para agasajar a hombres menos solemnes y protocolares, en la llaneza y cordialidad más simpáticas. Y este es un gesto que abruma por la cordialidad. Y, sobre todo porque enseña a la juventud a tener el valor de soñar. Tener el valor de querer. Y rechazar los ideales cuando sean bastardos, irracionales, inhumanos, poco acordes con las voces más profundas, más serenas del alma.
Y es por esto, y por muchísimas otras cosas más que, repito, el doctorado con que ahora me han honrado más que un honor es una responsabilidad.
Señor Rector, Señores miembros del Consejo universitario, señores profesores, jóvenes estudiantes de la Universidad, señoras y señores, quede patente mi compromiso de coordinar mis actividades con las de la UNED. Y al recibir el rango de Doctor Honoris Causa, ruego al creador que les centuplique la generosidad para que esta Patria sea cada día más humana.Muchísimas gracias.