ENTREVISTAS A LUIS FERRERO

LUIS FERRERO
El último humanista

CARLOS CORTÉS
Rumbo Centroamericano


EL HUMANISTA mexicano Alfonso Reyes lo definió como "un canal para repartir y no una cisterna para almacenar". A los 56 años y con la misma cantidad de libros publicados, Luis Ferrero-Acosta es el último investigador privado que existe en Costa Rica.
Algunos de sus trabajos como Ensayistas costarricenses (1971), La escultura en Costa Rica (1973), Costa Rica precolombina (1975) y Zúñiga - Costa Rica (1984) le han dado un renombre internacional como historiador de la cultura, antropólogo y escritor. Defensor del autodidactismo, humanista criollo -y como él gusta definirse- comunicador de un rico saber, el costarricense piensa que sus dotes intelectuales le vienen como herencia de su tío abuelo Guglielmo Ferrero, uno de los más famosos historiadores de Italia.
La vida del Ferrero centroamericano, ha estado llena de contrastes, desde barrendero de un dispensario antituberculoso, en su juventud y dependiente de tienda hasta secretario de Alfonso Reyes, amigo de a poeta chilena Gabriela Mistral y dueño de una biblioteca de 16.000 volúmenes. Sus únicos estudios formales los cursó en EL Colegio de México, y en ese mismo país, se especializó en arte gráficas como funcionario del Fondo de Cultura Económica. De ahí en adelante, su existencia está marcada por el resignado poder investigador, fe y convicción en sus posibilidades.
No siempre es así. Después de 35 años dedicados al estudio entre 1981 y 1984 Ferrero sufre una de sus ferreradas -como gusta llamarlas-: a quema muchos de sus trabajos inéditos, declara que jamás volverá a escribir y habla de la aplastante desilusión que siente ante la cultura costarricense, que no reconoce los méritos de sus propios constructores ni los impulsa a continuar su labor. Hasta el momento ha cumplido su promesa. Algunas de las obras desaparecidas se salvador gracias a amigos del autor, que conservaban fragmentos o fotocopias de los originales. A partir de 1984 Ferrero accedió a dar a conocer algunos de sus trabajos perdidos.
Legítimamente puede decirse que el investigador es más conocido en Europa que en Costa Rica, donde goza de pocos estímulos para su creación. Inclusive, Japón le otorgó el Premio Hokusai, el Instituto Español del Libro lo homenajea y la Asociación Internacional de Críticos de Arte lo invita a sus congresos. Muchos de sus ensayos se publican en México, Estados Unidos, Alemania e Italia. Aún así, Ferrero sigue escribiendo e un pequeño taburete sobre e que coloca un enorme diccionario Webster y una máquina de escribir portátil. Siempre ha escrito así y así sigue. Antes lo hacía auxiliado con su biblioteca de 16.000 volúmenes, pero en una de sus ferreradas decidió repartir los tomos entre escuelas, universidades y museos. Ahora le dan muy pocas cosas: albúmenes de recortes, en os que conserva una quinta parte de os artículos publicadas, unos pocos libros, papeles y un rincón iluminado para seguir trabajando.4


En Rumbo Centroamericano. Año II, No. 61, p. 3. Del 9 al 16 de enero de 1986.