A sus 72 años, con el Premio Nacional de Cultura Magón y sin títulos, Luis Ferrero pronto publicará su obra número 100, aunque no goza de una pensión digna.
DORIAM DIAZ
ddíaz@nación.com
Texto acompañado por una fotografía en colores tomada por Garret
Britton, con el siguiente texto: "Unos llaman a Luis Ferrero historiador;
otros, antropólogo y algunos humanista. Él se define como una
"olla de carne", donde hay de todo".
CON SU BARBA BLANCA recién
recortada y su computadora, comprada al crédito, llena de ideas y textos,
Luis Ferrero se prepara para cumplir 100, no años, sino libros publicados.
A sus 72 años, con un premió Magón, un doctorado honoris
causa de la Universidad Estatal a Distancia y ni un solo título universitario,
Ferrero es una referencia básica para hablar de arte y cultura costarricense.
De hecho, el próximo 11 de setiembre, el Museo Histórico Cultural
Juan Santamaría abrirá una exposición llamada Luis Ferrero,
el humanista, como un reconocimiento a su incansable trabajo y a sus publicaciones.
Eso sí, aunque hace mucho alcanzó "el éxito"
en nuestra cultura, su exigua pensión como Magón es su dolor de
cabeza, reciba poco más de 60.000 colones al mes.
De estos y otros temas, Ferrero conversó con Viva.
-¿Cuáles son
los libros que lo harán llegar a los 100?
-El 19 de setiembre, la Editorial ade la Universidad Estatal a Distancia me
entregará Pensándolo bien, una selección de artículos
que he publicado en el periódico Al Día acerca de cuatro temas
fundamentales: raíces precolombinas, cultura popular tradicional, la
Costa Rica del siglo 19 y la modernidad. Ese es el número 98.
Además, me darán Del oro precolombino, un análisis iconográfico
de las piezas de oro precolombino que es mi libro número 99.
El número 100 ahora entra a la imprenta. Lo publicará la EDITORIAL
COSTA RICA y trata de José María Barrantes Monge. A mi juicio,
el arquitecto más importante que produce Costa Rica. Entre 1928 y 1952,
la mayoría de escuelas, colegios, casas particulares e iglesias las hizo
él. Entre ellas: la Asamblea Legislativa, el Museo de Arte Costarricense,
y la parte vieja del Hospital Calderón Guardia; las iglesias de Desamparados,
Santa Teresita, San Ramón, etc.
-¿Qué significa
para usted allegar a los 100?
-Nada. Te voy a ser honrado: si hubiera contado un una computadora desde 1948,
cuando empecé a escribir, ya tendría como 250 libros. Es más,
tengo 29 libros inéditos, casi listos para publicarse. No he publicado
más por tener que defenderme de las zancadillas de los envidiosos.
-Ha escrito de temas muy
variados, ¿qué es lo que le interesa investigar?
-Desde muy chiquillo, que comencé mi amistad con grandes maestros como
Joaquín García Monge, me empezó a interesar todo lo que
nos aclarara qué somos los costarricenses.
-¿Cómo nació ese interés?
-De niño, crecí en un mundo muy ambiguo: mi papá era italiano,
mi bisabuela y mi cuarta abuela prusianas y mi mamá costarricense. Nos
hablaban en muchos idiomas y yo no sabía ni qué era... Mi contacto
con los costarricenses eran los peones. Me acuerdo que cuando araban se encontraban
vasijas y jades precolombinos, los cuales ponía en un mecatico porque
me gustaba su sonido cuando chocaban entre sí. ¡Uy!, Cuántos
jades quebré. Me impresionaban mucho los dibujos en las vasijas y los
jades, aspecto decisivo para vincularme a lo precolombino y al arte. Después
una cosa me fue llevando a la otra.
-Su primer trabajo fue como
barrendero del Dispensario Antituberculoso. ¿Cómo fue que empezó
a escribir?
-Fue gracias a mis maestros y a que trabajé como el chiquillo de los
mandados en el periódico La Tribuna, en 1947. Un día para el periódico
Últimas Noticias faltaba material. Entonces José Antonio Zavaleta
me dijo: "Luis, 'por qué se escribe algo de lo que hemos estado
hablando?" Entonces, yo agarré la maquina de escribe e hice un articulillo
sobre el Punto Guanacaste que levantó muchas roncha.
A partir de ese momento, él me siguió pidiendo trabajos.
-¿Cuál ha
sido la clave para un trabajo tan prolífico?
-La perseverancia y estar encamotado con la idea o el tema que escribo. Ese
enamoramiento rápido se transforma en pasión y, en ese momento,
no me importa ni sacrificar la comida. Cuando estoy escribiendo hago un desayuno
muy frugal y un almuerzo sencillo como a las 4:30 p.m. porque tengo una pensioncilla
muy pequeña.
Lo que me ahorró en comida lo invierto en discos para guardar lo que
escribo o en tinta para la impresora.
-¿Pensión
pequeña? Pero si en la anterior administración se habló
de aumentarle su pensión como premio Magón...
-Sí. Pero yo no les importo a los políticos de Costa Rica. Durante
los cuatro años, casi todos los diputados pasaron por aquí jurándome
que en una semana o menos se iba a arreglar lo de la pensión. ¿Pasó?
No. Yo recibo una pensión modestísima de poco más de 60.000
días al mes, que sube unos 1.500 o 2.00 cada dos o tres años.
-¿Qué va a
hacer? ¿Seguirá peleando?
-Bueno, si de aquí a noviembre no se ha solucionado nada botaré
todo, borraré todos los libros que tengo inéditos y no vuelvo
a escribir. Porqué voy a seguirme sacrificando si no puedo vivir con
un poco de dignidad.
-Entonces, ¿cuál
es su sueño, don Luis?
-Vivir tranquilo y con dignidad, que todo se arregle y saber de un día
de tantos si se me antoja un chop suey puedo ir a comprarlo tranquilo. A los
políticos y a mucha gente en este país se les olvida que los Magones
(el premio nacional más importante) son los símbolos de la cultura
de Costa Rica.
-¿Esto lo tiene resentido
con Costa Rica?
-No. No estoy resentido. El pueblo es otra víctima de los politiquillos
costarricenses.3
En: La Nación, miércoles 4 de setiembre del 2002. Sección Viva 7.