UNA MIRADA AL INTERIOR DE
LUIS FERRERO-ACOSTAAl pie de una fotografía tomada por Luis Morales se lee: "Con más de 100 libros publicados y la búsqueda de sus raíces en el pasado, el intelectual confiesa que comenzó a escribir por accidente".
LUIS HERNÁNDEZ DORADO
Para la Prensa LibreTENUE VOZ, barba blanca como la espuma del mar, mirada acuciosa y un cigarrillo constante, hacen de Luis Ferrero un personaje enigmático y cautivador.
Entrevistarlo es toda una odisea: sus conocimientos son un viaje al pasado y una escuela al futuro. A cada pregunta responde con cálido tono de voz.
Detalla sus pareceres cronológicamente, y lo que más asombra es cómo divide su vida en imágenes paradisíacas y dantescas a la vez. Es cauteloso al vestir, suele usar pantalones de domingo, porta calzado color negro y acostumbra ponerse camisas blancas, guayaberas de preferencia.
Empero, cuando es momento de traje, clase y glamour brotan por sus poros.
Tiene un modo de ver el mundo muy particular por su experiencia ya erudición, su concepción del ser humano trasciende fronteras de pensamiento costarricense, y su estancia en la historia nacional es infinita y necesaria para sus creaciones académicas y su legado cultural. Aún así, con cientos de logros: cuatro doctorados y muchos reconocimientos, Luis Ferrero, Premio Nacional de Cultura Magón 1987, subsiste con una pensión que no alcanza ni siquiera al salario mínimo.
A pesar de encontrarse en esta penosa situación, Ferrero sonríe y continúa escribiendo desde su escritorio la historia y el sentir nacional.
Nació el 31 de enero de 1930 en Orotina, Alajuela. Cursó sus estudios primarios en la Escuela Porfirio Brenes Castro, de San José. "De la escuela recuerdo con mucho cariño a doña Claudia Brenes Montero que era mi maestra porque ella siempre se preocupaba por llevarnos a algún personaje para que hablara con nosotros. También nos hacía leer aun libro todas las semanas del cual siempre hacía preguntas para comprobara que leíamos", recalcó Ferrero con la mirada perdida en sus memorias.
Según Ferrero, presentar cierta capacidad crítica en el colegio le dejó como resultado la expulsión del Liceo de Costa Rica, pues este se sublevó contra la opinión de un profesor quien aseguraba no existía una literatura costarricense.
En esos años, Ferrero recuenta al historiador Ricardo Fernández Guardia, quien lo encariña con el conocimiento del antecedente nacional. A su vez, acostumbra visitar al maestro Joaquín García Monge, quien lo orienta hacia la defensa de la dignidad humana y la justicia. Además, le enseña que sin amor no hay erudición ni admiración.
"Hay una cosa que me enseñó don Joaquín, y quizás sea la más importante, que es el mandamiento del escritor cubano José Martí, el cual reza: el que sabe lo que sabe y lo dona, lo gana; de ahí mi interés en que todos conozcan verdades extraoficiales", indicó.
Este polémico historiador lleva a sus 72 años de vida, más de 100 libros publicados y alrededor de 29 inéditos. La mayoría tratan temas indígenas y persiguen un mismo norte: dar a conocer mediante minuciosas investigaciones la verdadera historia costarricense.
"Al debatir las falacias que nos imponen desde que estamos en la escuela acerca de los acontecimientos históricos, tales como la Anexión de Guanacaste o el héroe Garabito es lo que persigo en mis investigaciones", expresó enérgico y retórico el laureado escritor.
Ferrero, fiel pupilo del reconocido escritor nacional Joaquín García Monge, se inició en el arduo camino de las letras por casualidad mientras trabajaba como mensajero en el periódico Últimas Noticias, precisamente en el año 1947 cuando comienza a soltar la pluma con ímpetu y esmero.
"Un día a la hora del cierre de la edición faltaba material. Entonces José Antonio Zavaleta me dice: "Luis, escriba algo para llenar esos huecos que quedan". Escribí entonces un artículo titulado "El Punto Guanacasteco", indicó nostálgico el investigador.
Según el historiador orotinense, una vez que se publicó dicho artículo suscitó reacciones encontradas, pues el periódico recibió gran cantidad de cartas comentando lo escrito por él. "Unas protestaban porque el artículo del Punto Guanacasteco había sido escrito por un idiota, mientras otros lo elogiaban. Al director le pareció que yo siguiera escribiendo y me dieron espacio una o dos veces por semana", agregó Ferrero.
Posteriormente colaboró con el periódico Mundo Femenino el cual le permitió conocer a Amaury Zalvera, escritora salvadoreña que dirigía la revista Mujer, gracias a ella nació su primer libro, mismo que lleva por título Mujeres de la historia de Costa Rica.
"Cada quince días yo le mandaba una semblanza y una tras otra no se publicaba, lo que me extrañó. De pronto, la sorpresa fue que las siete semblanzas enviadas se publicaron en forma de libro en 1948", agrego el artista un tanto orgulloso.
Así continuó la prolífica carrera de Ferrero, recibiendo ofertas por parte de periódicos y revistas nacionales e internacionales como lo fue el ingreso en la Agencia Periodista Hispano Americana (APHA), pues esta distribuía artículos a una inmensa cadena de 124 diarios latinoamericanos.
A finales de los cuarenta y principios de los cincuenta, Ferrero colaboraba en el desaparecido Diario de Costa Rica, La Prensa Libre y las revistas Mujer y Cultura de El Salvador, entre otras.
Para ampliar sus conocimientos, el escritor nacional parte a tierras mexicanas en donde permanece hasta 1954, gracias a una recomendación de García Monge al destacado humanista mexicanos Alfonso Reyes.
"Me matriculé en el Colegio de México y en la Escuela Artes del Libro. Aprendí el cambio de visión en algunos aspectos y robustecí los intereses que tenía en el arte precolombino porque sentí que en México estaban las raíces de muchas costumbres costarricenses", indicó.
Es en esa nación donde el historiador se roza con grandes personajes como son Frida Khalo, Diego Rivera, Francisco Zúñiga, Alejo Carpentier, Ángel María Garibay, Gabriela Mistral, María Félix, don Chucho Silva Herzog, Germán Arciniegas y Arturo Uslar Pietri, con quienes Ferrero incrementa el roce intelectual internacional.
A su vez, el escritor e historiador nacional dejó lucha en tierras aztecas, pues allí colaboró con el periódico El Nacional, donde la mayoría de sus artículos aparecían sin firma ya que así le gustaba al escritor, y de paso, no le agradaba a don Juan Rejano, director de dicho periódico a principios de los cincuenta.
Al regresar a Costa Rica, Ferrero instauró una interesante exposición individual del reconocido escultor Francisco Zúñiga en el Museo Nacional de Costa Rica y comandó la Jefatura del Departamento de Publicaciones del Ministerio de Educación Pública.
Además, de 1969 a 1971, el maestro Ferrero recorrió todo Costa rica en una extensa campaña para recolectar fondos a fin de obsequiar bibliotecas a las escuelas rurales costarricenses.
También organizó al lado de un grupo de libreros las primeras ferias del libro, consiguiendo en esa década tres premios Aquileo J. Echeverría. Según el erudito Ferrero, en los años setenta realizó una serie de conferencias en escuelas y colegios con tal de concienciar a los educadores en la importancia del patrimonio arqueológico.
Este historiador, como él mismo afirma, ha viajado por casi todo el mundo: Sudamérica, Estados Unidos, Alemania, Noruega, Dinamarca, Francia y Suecia, dando conferencias y charlas a distintas universidades y en algunas obteniendo a su paso distinciones admirables.
"Son cinco doctorados los que llevo en mi alma: uno en la Universidad de Lima, otro en la Universidad de Berlín, un tercero en la Universidad de Los Andas en Venezuela, también en México y en Costa Rica, el de la UNED"-enfatizó.
Otro de los méritos más rescatables en la vida de Ferrero es el ser reconocido en Japón por sus obras de carácter precolombino.
"Tengo premios y traducciones en Japón. Allá me consideran tesoro cultural viviente". Recordó animado el compilador de historias indígenas.
Sin embargo, "para serle franco mi felicidad es publicar, lo de los títulos es cuestión que no trasciende como un libro, por lo menos en mi caso", explica Ferrero, quien de momento atraviesa uno de sus momentos más críticos pues la pensión que recibe no le es suficiente para subsidiar gastos primordiales.De espíritu informativo
Luis Ferrero ejerció el periodismo con disciplina y amor desde los cincuenta hasta los noventa, aprueba de ello su experiencia en distinguidos periódicos nacionales como lo fueron La Tribuna y Diario de Costa Rica y de los vigentes, La Prensa Libre, La República, La Nación y Al Día.
Son Otilio Ulate, Isberto Montenegro y Francisco María Núñez fueron los hombres que adentraron al historiador en los cambios del periodismo, aduce sonriendo el creador de Pensándolo bien.
Con gran anhelo, Ferrero explica que el periodismo de antes era bien informativo e investigativo. No era manipulado como se voy día.
"Da lástima ver la manipulación terrible ya espantosa por la cual atraviesan nuestros medios de comunicación", indicó el historiador.
Según Ferrero, en tiempos pasados la prensa no solo informaba sino que también formaba opinión pública ya reflejaba al costarricense y su sentir. Para Ferrero, el declive periodístico empezó cuando a la Universidad de Costa Rica (UCR) le dio vergüenza ponerle el nombre de Escuela de Periodismo y le puso en cambio, Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva. "Poco le faltó ponerle Escuela de la Comunicación, el sol la luna y el mar". Adujo irónico el escritor.
Para el experimentado historiador, otro de los motivos por los cuales el periodismo se vino a la mediocridad fue el hecho de que os recién graduados de la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la UCR desplazaran a grandes periodistas, únicamente porque estos no estaban titulados.
Eso aunado a la comercialización y al ingreso de "técnicas americanas" que según Ferrero se insertaron de golpe, sin analizar si estas respondían a los intereses de los lectores. Muy analítico en su expresión, el escritor adujo que para peores, en esa época aparecieron las "tales oficinas de prensa" en los ministerios y en las oficinas de relaciones públicas.
También él es de los que opinan que la prensa nacional sólo repite la misma información, pero pintada de diferente color. "Yo no sintonizo ningún canal pues lo mismo que dan el seis o dan en el siete y eso o único que evidencia es a mediocridad informativa de hoy día en el país" agregó.
Don Luis Ferrero, al igual que don Alberto Cañas, renombrado periodista nacional, cree que el periodismo investigativo en Costa Rica es un elefante blanco y un imposible pues argumenta que en el país se gasta más espacio y tiempo en las superficialidades que en lo que realmente se merece.
"Aquí le llaman investigar a una simple compilación de datos que no se presenta ninguna propuesta interesante o llamar a altas horas de la noche para decir que no quiso atender la llamada", enfatizó Ferrero.
Y es que, para el autor costarricense con más libros publicados, la culpa de tener un mal periodismo investigativo en el país es de los medios, porque estos responden a la oligarquía y o a los intereses del pueblo. "El hecho de decir la verdad pone en encrucijada al periodista nacional por miedo a perder el trabajo, dando como resultado que este no quiera adentrarse en sus investigaciones porque de fijo su medio de vida va presionar" señaló.
"Mi destino se caracteriza por la alegría de vivir y servir. Soy amante del trabajo, la justicia. Por ello he evitado los lugares comunes de aceptación general, manifestándome en contra de los mitos tropicales de una manera clara y provocadora. Todos mis libros los he escritos para llenar un conjunto de necesidades".3En: La Prensa Libre, Martes, 29 de octubre del 2002, pa. 14-15. Sección Abanico.