LA REBELDÍA CREADORA
DE MAX JIMÉNEZResumen de las palabras dichas por Luis Ferrero-Acosta el 3 de junio, en el homenaje que le tributó la Asociación Cultural Max Jiménez Huete al conferirle la medalla de oro Max Jiménez. El acto se efectuó en el auditorio de la plaza de la Justicia.
VENGO con humildad. Vengo con gratitud. Gratitud y humildad me mueven a presentarme aquí para renovar la promesa de 1976, cuando ustedes me declararon Socio Honorario de la Asociación la Cultural Max Jiménez. Entonces me comprometí a seguir fiel en el hurgar, explicar y divulgar las raíces culturales costarricenses.
Desde 1976 a la fecha algo he podido hacer, sobre todo por medio de la palabra viva, cuando grupos de estudiantes, casi a diario, me buscan para saciar sus inquietudes culturales. Esto, debido a las constantes zancadillas de mediocres aldeanos con poder que boicotearon el proyecto de estudiar y honrar a cuatro artistas del siglo pasado. Me había propuesto sacar del olvido en que se tiene a Manuel (Lico) Rodríguez Cruz, a José Rojas Sequeira, a Francisco Valiente y a Ezequiel Jiménez-Rojas para que sus obras sean incorporadas a nuestro patrimonio cultural. Apenas pude hacerlo con el iniciador de la tradición paisajista costarricense, el pintor Ezequiel Jiménez-Rojas ya debidamente reconocido después de la exposición en el Museo de Arte Costarricense. Tales artistas han sido injustamente menospreciados por una sórdida "conjuración de silencio" y no porque carezcan de méritos.
Ahora vuelven a destacarme. ¡Y con cuánta generosidad! Ahora religan mi nombre con el del artista rebelde quien fue Max Jiménez.
El pensamiento y la obra de Max han ejercido en mí una poderosa y benéfica fertilización. Prefiero reconocer el concepto "fertilización" y no el de influencia. Fertilizar lleva consigo la idea de disponer un coto para que produzca copiosos frutos. De tanto meditar en torno a la obra de Max Jiménez, sin sospecharlo, poco a poco se me ha convirtiendo en un perenne estímulo. Por ejemplo, uno de los aspectos que más incitaron fue el apreciar cómo Max iba con apasionamiento de la pintura al periodismo, del periodismo a la ganadería, de ésta a la escultura, a las letras, etcétera. Y tanta fue la admiración que sin percatarme yo también he caminado frecuentemente de caminos de estudios y de ocupación. Es fácil trazar un paralelismo. He ido de la historia a la literatura, del arte a la etnografía, del folclore a la arqueología, ade la educación al periodismo y la cátedra universitario, al turismo cultura, a la televisión. Así como Max Jiménez dominio varios cotos, yo también he ido a los míos para investigar. Poco me ha importado cuán distantes sean porque en el fondo de ellos he sacado abundante cosecha. Y, me he percatado cuán íntimamente interactuantes son entre sí. Y esto me ha enseñado algo sorprendente: cuánto puede el individuo seleccionar y sistematizar como resultado de su participación en estas interacciones.
Max Jiménez también debió experimentar a esto porque cada individuo, a la manera de la mónada de Leibniz, refleja la cultura de su mundo, desde su propio punto de vista y con diferentes grados de claridad o confusión. Estoy seguro que Max también debió comprender que la estructura básica se encuentra en el término común tanto de las semejanzas como de las diferencias, es decir, ena el tronco del cual salen las divergencias cual ramas y en el que todas se sostienen.
Lo anterior explica el porqué el revenar de emociones que despierta en mí el recibir esta medalla de otro Max Jiménez. La recibo como intermediario porque, tras un concienzudo análisis autocrítico, he llegado a la concusión de que apenas merezco ser un depositario En realidad, es un reconocimiento simbólico a todos los que me han ayudado: campesinos, maestros, profesores, periodistas, arqueólogos, tipógrafos, fotógrafos, antropólogos y bibliotecarios que me abrieron la flor de sus corazones y que, silenciosamente, me proporcionaron ayuda para que yo pudiera -con muchísimas dificultades y sacrificios- poder terminar las investigaciones que emprendía. Y esta medalla les pertenece a ellos porque yo apenas fui el instrumento para abrir nuevos campos de investigación del ser costarricense.4En La Nación, 10 de junio de 1983, p.2.B.