Nueva narrativa costarricense:
Uriel Quesada
por Antonio Marquet[1]
Artículo publicado por el suplemento
Arena del Periódico Excelsior de México
Reconocido como el mejor libro costarricense del bienio 2003-2004 por el periódico La Nación, Lejos tan lejos contiene ocho cuentos: "La noche más azul", "Bienvenido a tu nueva vida", "Cementerio de carritos", "Batallas lunares", "El elefante birmano", "Lejos, tan lejos", "Arañitas", "Salgo mañana, llego ayer". Ocho relatos escritos entre 1998 y 2001 que dan noticia de un objeto permanentemente en lejanía, objeto inabordable, al que los personajes no podrán acercarse. ¿Esa lejanía del objeto es la consecuencia de un ser fragmentado? ¿O la lejanía del objeto es el complemento del entallamiento del sujeto? En todo caso, los protagonistas que habitan en Lejos, tan lejos se afirman en el tránsito, en lo transitorio, como en el caso del agente viajero que no puede cobrar, no puede obtener ganancias a pesar de que hace todos los esfuerzos por lograrlo y de esta forma languidece en una capital, (quizá no remota a causa de la distancia, sino lejana para los recursos que él tiene, y sobre todo para su provincianismo), dando mil vueltas para obtener las consabidas respuestas burocráticas, frías, indiferentes, perversas. Si no puede cumplir con sus objetivos, tampoco logra que los suyos se interesen en lo que ve: prefieren que no gaste el dinero en llamadas de larga distancia. Su entusiasmo por los aparadores es desestimado: vale más que se deje de cuentos y traiga el dinero en el relato que da título al libro "Lejos, tan lejos". El sujeto de Quesada no puede aspirar a nada que no sea de una fugacidad muy marcada. Es un personaje nómada que accede pasivamente a las solicitudes de las insignias de la ley. Es en esa lejanía donde espera la llegada de ese ser que calme sus apetitos y le permita acceder a otro territorio, el del sujeto protagónico, que ocupa un lugar central, poderoso y nutricio. ¿La lejanía traduce la paralizante convicción en la improbabilidad de que se realicen las esperanzas?
Sin que se le pregunte, el sospechoso afirma que no robó los carritos, sólo los depositaba en lo que para él es un cementerio, es decir en el terreno baldío en donde iban a abandonarlos. Resulta curioso el nexo que se establece imaginariamente de abandono y muerte, y la identificación del detenido con el abandonado y el muerto, todo colocado dentro de la dimensión de la culpabilidad. ¿Los carritos de supermercado abandonados son metáforas del sujeto? A pesar de que la pregunta pueda parecer oportunista y obvia, convendría pensar ¿cuáles serían las consecuencias imaginarias de ello? En primer lugar, ello remitiría a un sujeto usado y abandonado que sirve como vehículo. Es esa función de vehicular la que debe ser estudiada en la narrativa de Quesada puesto que en esa posibilidad de transportar se encuentra el meollo de la función metafórica, y de lo que para Uriel Quesada constituye el oficio de narrador.
Quesada coloca en estos ocho cuentos a personajes que deambulan por Londres, están en San José o Nueva Orleáns, (donde vive actualmente el narrador) o bajo el sol de Nuevo México. Su interés se centra en el mundo marginal, al lado de quienes se encuentran "lejos, tan lejos" de esa centralidad que significa poder económico y simbólico. En sus cuentos, Uriel Quesada da voz a paracaidistas, a emigrantes perseguidos por la miseria, la justicia y por una sociedad pauperizada. Como es el caso del personaje anónimo de "El elefante birmano" -puesta en relato del célebre ensayo de Orwell-, el Nica, un ilegal nicaragüense en un barrio pobre costarricense, perseguido y ultimado por la policía, acusado del asesinato de [la madre de] su novia. Los detalles de nota roja quedan desplazados para describir el comportamiento de una sociedad que gozosa persigue y ejecuta a su chivo expiatorio.
Márgenes de la periferia.
Entrevista con Uriel QuesadaPor Antonio Marquet (1)
Uriel Quesada es autor de cinco libros: Ese día de los temblores (cuento, 1985), El atardecer de los niños (cuento, 1990; Premio Editorial Costa Rica, 1988 y Premio Nacional de Cuento Aquileo J. Echeverría, 1990), Larga vida al deseo (cuento, 1996), Si trina la canaria (novela, 1999), y Lejos, tan lejos (cuento, 2004; Premio Áncora de literatura, 2005). Actualmente es profesor en Loyola University, y tiene en prensa la novela El gato de sí mismo (Editorial Costa Rica, 2005).
AM: Me gustaría que me contaras algo de la factura de los cuentos. ¿Para empezar por qué escoges el cuento?
UQ: Tendría que admitir que cuentos es lo que sé escribir. No me siento cómodo en los espacios de la novela, incluso cada vez prefiero más leer textos cortos. Creo que hay un nivel de intensidad en el cuento que no se logra en la novela. También podés experimentar en una serie de aspectos formales dentro del marco de lo que es un cuento (brevedad, sobre todo) y en ese sentido me satisface el desafío de escribir. Pienso que un buen cuentista no es necesariamente un buen novelista; por razones de mercado, quizás también de prestigio, mucha gente renuncia a desarrollarse como cuentista y prefiere probar suerte con la novela. Comúnmente el resultado son novelas mediocres.
El cuento se resiste a sus propias reglas, ahí radica el desafío para el buen cuentista. Si no tenés en cuenta esa posibilidad no avanzás como autor de cuentos. Para mí es un desafío muy seductor y trato de explorar cuanto sea posible dentro de una disciplina: decir lo máximo con el menor número posible de palabras; involucrar al lector y provocarle un impacto dentro de una lógica de la brevedad. La vida es más parecida a una sucesión de cuentos que a una novela.AM: Por otro lado, parece que la policía es un personaje constante en los cuentos de Lejos, tan lejos. Y eso no es gratuito: una de las dimensiones de tu exploración narrativa parecería la mancuerna de la trasgresión y del castigo. Si se observan todos los cuentos incluidos en esta colección hay algo de esto. Por principio una trasgresión de la que obviamente se desprende la parafernalia si no de la justicia, por lo menos del castigo, un castigo salvaje y que es justamente lo que constituye las tramas de varios de los cuentos más importantes: me refiero a "Salgo mañana, vuelvo ayer" o "El elefante birmano". En otros cuentos, como el "Cementerio de carritos" el castigo está como una fantasía, pero el "verdugo", es decir el policía, quiere otra cosa, otra cosa que nos pone en la otra pista de los elementos importantes de la narración: la búsqueda de placer. El personaje que vive en el universo de Lejos, tan lejos parece estar perseguido por estas dos constantes: una búsqueda de placer que lo lleva a transgredir, y un castigo que se manifiesta incluso con una intensa crueldad quizá ello explique la artimaña que inesperadamente coloca al personaje del "Cementerio de carritos", como objeto de deseo
Me gustaría que me hablaras de esa dimensión de la justicia, de esa dimensión del placer, de esa dimensión del castigo que es le triángulo de Lejos, tan lejosUQ: Creo que la palabra más adecuada es ley, no tanto justicia. Aquí tendré que ponerme pedante y mencionar mis lecturas foucaultianas en cuanto a la ley como discurso y elemento regulatorio. No creo que mis personajes sean víctimas de la justicia sino de la letra de la ley, de las prohibiciones (explícitas/implícitas) y las concesiones, de los espacios que pueden subvertir. El placer irrumpe como una forma de trasgresión; dicha trasgresión no lo sería si no violenta algo y ese algo -la ley podría ser- reacciona para anular aquello que se ha salido del carril correcto. Algunas veces la trasgresión no es intencionada (por ejemplo en Cementerio), pero eso no evita que la fuerza represiva, representante de la ley actúe. En otras, como en Salgo mañana, hay un deseo expreso de transgredir y en la trasgresión misma hay un triunfo. Mientras el personaje de Cementerio no sabe exactamente qué ha hecho, por lo que su discurso trata de prevenir el castigo, Candide Pardieu, de Salgo, provoca a las fuerzas represivas, las desafía para ver hasta dónde llegan. Ese mismo desafío a lo establecido aparece en Bienvenido. Pensándolo bien, la trasgresión tiene un punto de vista desde la marginalidad y esa circunstancia también impulsa el actuar del aparato legal-represivo. Desde el punto de vista de la ley y sus agentes no hay duda que el crimen se ha cometido, no hay duda que el trasgresor es criminal pues es otra cosa, usualmente un homosexual (aunque podría ser un extranjero, como el nica en El elefante). El placer entonces no es solamente placer, sino es placer ligado a un sujeto marginal, quizás por eso es trasgresor o doblemente trasgresor y provoca la reacción de los representantes de la ley, los normalizadores.
AM: Y me gustaría que me contaras de la génesis, por ejemplo del "Cementerio de carritos" y de "Bienvenido a tu nueva vida".
UQ: Cementerio es un cuento que se inspira en mis años en Las Cruces, Nuevo México. Concurren en él algunas experiencias como la soledad, la soledad-del-desierto, el desierto como símbolo, la cercanía de la frontera con México y el terror que la gente le tiene a los cuerpos policiacos en el área. La anécdota central es verdadera: cierta zonas de la ciudad están (estaban porque la anécdota es de 1998) pobladas de carritos de supermercado porque la gente se los lleva a su casa. La pregunta entonces sería ¿qué tipo de gente? Es gente un tanto de segunda porque no tiene carro. El carro no es un símbolo de estatus, es algo diferente: en un mundo donde la lógica es tener carro, el hecho de carecer de él solamente indica lo jodido que estás. Probablemente vivís en uno de esos lotes de casas móviles, tomás el autobús, y pasás los días restringido a un área de la ciudad muy limitada porque en la lógica de tener carro todo está lejos de todo. En mi caso particular sí estaba muy jodido y por ejemplo los domingos no había servicio de autobús. Fuera donde fuera, usualmente a la biblioteca de la universidad a ver el correo electrónico tenía que caminar unos 50 minutos bajo el sol. Eso me permitió casi memorizar el paisaje urbano de Cementerio, así como el hecho nada trivial de los carritos abandonados que poco a poco iban siendo cubiertos por arena. Las intenciones ocultas del policía vienen de un comentario que oí a unos inmigrantes de los tantos que circulan por la zona: la policía solamente sirve para chingarte Es decir para joderte, es decir para cogerte
La escritura en sí de Bienvenido fue por encargo. Recibí una convocatoria a concursar para la antología Líneas aéreas y me sentí a producir un texto. La idea la venía rumiando desde hacía tiempo, pues nunca antes había escrito de una de las experiencias más importantes de mi vida: el primer viaje a Europa que he hecho en mi vida. Fue en el año 86 y me marcó de un modo rotundo, que aún no he podido elaborar por completo. La trama es la suma de anécdotas personales que una noche compartimos el poeta Jorge Charpentier y yo, con whisky, arreglados y sánguches-lápiz en la Soda El Parque, en San José. Desde ese momento me di cuenta que había una historia (ese encuentro con Jorge tuvo que darse en 1996) que debía contar. La quise contar con la mayor parquedad posible, muy visualmente, con un narrador que estructura frases directas, secas. En ese sentido, la anécdota debía surgir por su propia fuerza, por la sucesión de hechos donde los ritos sociales y los deseos privados chocaban. Quería un lenguaje desnudo para una historia sobre desnudos: deseos desnudos, obligaciones sociales que se desnudan, amoresAM: ¿Qué me dices de los proyectos que seguramente tienes en marcha?
UQ: Mirá, al mencionar los proyectos tendré que desdecirme de lo que tan apasionadamente manifesté antes respecto al cuento y la novela. La razón es que hay un libro por aparecer, una novela, que se llama El gato de sí mismo. A veces la he llamado un cuento largo, quizás porque su estructura no es tan abierta como la de una novela común. Sin embargo el manuscrito tiene unas 280 páginas. ¿Cómo puedo entonces escapar del género novelístico? Creo que es un libro divertido, que trata el asunto del clóset desde la perspectiva de quien constantemente entra y sale de él. Hemos conversado que el clóset no es una noción absoluta, o como dirían algunos críticos es más un performance. Pues mi propósito fue llevar esa condición al extremo y narrar la historia de un joven gay a quien se le embauca para que regrese a casa a cuidar de su padre, quien lo había echado de casa años atrás. La historia es un tanto esquizofrénica, pues el personaje principal se reconoce mediante varios nombres y personalidades y solamente puede lidiar con la realidad circundante "alegorizándola" mediante el lenguaje de los cuentos de hadas. Lo que halla al regresar es un mundo igualmente esquizofrénico y una reafirmación de la homofobia paterna a pesar del tiempo. El libro debería salir al mercado en algún momento del 2005, aunque todavía no he tenido comunicación oficial al respecto.
¿Otros proyectos? Una nueva colección de cuentos, esta vez sobre "personas raras". El volumen todavía no tiene título definitivo pero podría llamarse "Cuando veás un centauro". También tengo dos narraciones más extensas en proceso, pero aún no sé que será de ellas. Trabajo por otra parte en proyectos críticos. Uno de ellos es un conjunto de ensayos sobre novela policiaca centroamericana (sí, sí existe el policial centroamericano); otro sería una revisión de la literatura gay en Costa Rica; específicamente autores cuyo discurso podría analizarse desde el punto de vista de la crítica de género y queer theories. Son autores que empezaron a publicar a partir de los sesentas.AM: En todo esto ¿cambia algo el premio obtenido?
UQ: ¿Qué cambia el premio que me ha concedido La Nación?, que por cierto será entregado el 14 de marzo. Yo creo que en Costa Rica se ha dado una evolución en cuanto a ciertas actitudes, y el premio de alguna manera representa ese paso. Cuando el cuento "Bienvenido a tu nueva vida" apareció en dicho periódico en 1999 se produjo un alboroto de grandes proporciones. La editora del suplemento cultural la pasó muy mal, se dio un frenético intercambio de cartas y correos electrónicos; incluso intervino en el asunto la "Oficina de Control de Espectáculos Públicos", un eufemismo de la antigua "Oficina de Censura". Los ataques personales fueron inclementes. El mismo organismo censor, en su argumentación contra el periódico, no se refería tanto al cuento como texto como a mi persona y a mis supuestas "preferencias personales". La desautorización de los valores literarios de mi cuento pasaba por el tamiz de la moralidad. En un primer momento lo que se dio fue un movimiento para acallar el escándalo cerrando cualquier posibilidad de discusión o reflexión sobre lo que había acontecido. En una entrevista para la televisión yo comentaba que todos habíamos perdido una valiosa oportunidad para poner en el tapete diversos temas de interés: literatura, moralidad, censura, autocensura, entre otros. Lo curioso es que con el paso de los años, la lectura y la recepción de "Bienvenido a tu nueva vida" empezó a cambiar. Muy lentamente algunos sectores que lo atacaron empezaron a ver en él algo distinto. Cada vez que yo iba a Costa Rica (recordá que vivo en New Orleans desde 1999) había que tocar el tema del escándalo y de alguna forma se repensaba en función de los acontecimientos presentes. La publicación del libro Lejos, tan lejos tuvo también sus avatares, al punto de que empezó a circular el rumor de que la Editorial Costa Rica pensaba recomendarme la eliminación de "Bienvenido", entre otras modificaciones. Afortunadamente, la Editorial Costa Rica nunca dejó de apoyar el proyecto de publicación de Lejos y el libro finalmente salió al mercado en marzo de 2004. La recepción del público y de la crítica fue muy buena. Una de las reseñas más entusiastas tenía por título Un libro inmoral, en la que se hacía una inversión de los conceptos fundamentales del rechazo de "Bienvenido" en 1999. Lo que he encontrado incluso antes del Premio Áncora es un sector de lectores y críticos que puede salir al espacio público y cuestionar el sistema de valores y la visión de mundo vigentes hace apenas 6 años. Con el premio se tiende a cerrar un círculo, volvemos al origen del escándalo, pero esta vez redimensionado, con una nueva lectura.
No puedo hablarte de una gran apertura, tampoco puede desdeñarse lo que se ha logrado hasta ahora. El problema de pensar en grandes aperturas es el riesgo de bajar la guardia. Entonces prefiero creer que los grupos de resistencia han ganado un nuevo espacio, que hay un precedente para las luchas venideras. El Premio nos dice que aún es posible atreverse y que vale la pena hacerlo. A un nivel todavía más personal, me siento muy honrado. La tarea del escritor siempre es difícil, lo es más en un país de las periferias, aún es más difícil cuando se es un autor que escribe desde los márgenes de la periferia. Ahí estoy, desde ahí me reconozco y continúo escribiendo
AM: ¡Muchas gracias!1. Antonio Marquet es profesor en la Universidad Autónoma Metropolitana, Azcapozalco.