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OBRA RECIENTE:
El fuego y la siesta
ISBN 9977-23-792-1
Precio sugerido: ˘ 1.700, 1era. ed., 111 págs.
PEDIDOS Tel. (506) 253-5354 ext.
122
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COMENTARIOS SOBRE LA OBRA
El
fuego y la siesta es el Premio Centroamericano Juan Ramón Molina
de poesía del año 1983, otorgado en Honduras. En Costa Rica
se publica por primera vez en mayo de 2004, bajo el sello de la Editorial
Costa Rica. A continuación comentarios a la obra:
- "Vilma Vargas Robles,
mujer de poesía. Palabra de temple integrador sensorial y espiritual
del entorno, cauce de tonalidades diversas cundido de voces "Soy el guardián
y la puerta". Adentra en cada poema la significancia que la vida y el
vivirla tienen como dimensión trascendental con una energía
expresiva que por sí misma habla de la poetisa. En su obra "El
Fuego y la siesta" convergen tiempos, lugares, seres y enseres, rastros
y sueños, paisajes y veranos, pájaros, cantos, tierra, fuego
y siesta... en una ceremonia que recrea la condición del vivir agrupando
sentires y contingencias de la lucha cotidiana. "¿De dónde
vino esta verguenza?, alumbrando cada poema el farolón de su utopía
"Las voces del mundo tenían el sonido de un muro" y reclamando
el ámbito de la memoria olvidada del ser."
María
Cristina Solaeche. Profesora universitaria y poetisa venezolana.
FRUTO Y DEMONIO, FUEGO Y
SIESTA
1979 y un libro: El fuego
y la siesta, de Vilma Vargas Robles, costarricense. 1979 y asoma una poeta
muy dueña de su voz, dueñísima. Y así como las
paredes le cercaban su blanco a la Dickinson, así estas palabras encierran
el fuego del silencio que existe sin callarse. Tegucigalpa, la Tegus hendida
que echa a perder la ensoñación, vive como escenario del mundo
que cuando quiere habla como un muro, que cuando quiere se muestra en el rostro
de una niña que calla todas las tragedias ya contadas y por contar.
En El fuego y la siesta hay control de la palabra, limpidez y precisión
técnica, sí, pero en nada desmerecen a la profunda alma triste
y al dolor vivo que transitan estas páginas. Un libro fruto y demonio;
fuego y siesta otra vez. Sorprende la palabra apretada, el verso ceñido
y rotundo, poco frecuente en tierras calientes. Pero también hay aquí
el canto de una poeta que se encorva por el peso de la vida en el mundo, de
la vida vivida y de la que viene. Así que el mundo puede continuar
su siesta, que la siga hasta el reviente con su ronquido de bombas y hambre:
los poetas no cerraremos los oídos y algún timbre timbraremos,
alguna puerta tumbaremos. Vilma Vargas ya nos trajo el fuego para despertar,
para dejarnos la cabeza como un trozo de tiza rechinante. Ante la opacidad
del mundo, la palabra, así es. Porque El fuego y la siesta procura
decir las grandes cosas y derribar lo que esconden las puertas, es cierto,
pero con sutileza, con alguna (¿falsa?) inocencia. Reconozco en Vilma
una percepción del alma humana que surge a partir del recorrido de
los pies por las calles, de las visiones vistas y las no vistas, apenas percibidas
en el vapor de la ciudad o venidas flotando el susurro de la infancia. Mas
el libro también nos deja sitio para el reposo, aunque sólo
sea esa calma cercada o posesa de un odio imantado: nos imprime una furia
serena. Aquí un conjunto compacto y de sensible consumo, en suma. No
pocas veces le ha sucedido a la poesía en español que algunos
de su más logrados frutos se gesten en alguna convulsa tierra centroamericana.
Y no debe quedar duda que tenemos entre las manos un caso más para
anotar en el inventario.
Alan
Mills
París, diciembre de 2004
- "...(hay) una profunda
intimidad donde cada vocablo está cargado de contenido y los objetos
cobran vida gracias a una fuerza oculta, empecinada, que reconstruye el mundo
desde un cuarto, desde una ventana, incluso desde las manchas de la pared".
Jurado
Premio Juan Ramón Molina
- "Vilma vino a ser
la mujer más sola de la literatura costarricense, por alguna razón
no pide ayuda, quizá porque no la necesita, desconfía de la
bendición de la mano peluda del clero".
Roberto
Sossa
- "Vilma mostraba
ya una voz segura, un fluir natural del ritmo y un racimo de imágenes
rotundas donde se abrazan la crueldad y la belleza".
Jorge Boccanera
- "Estoy convencido
de que cuando Vilma llegó, el mundo estaba un poco dañado, gastado
por el uso, y la labor de sus poemas es restaurarlo, esto es, restañarlo
para que su debilidad o muerte no nos alarme y podamos comer tranquilos, ver
los atardeceres como si fueran eternos, serenarnos frente a lo imposible,
lo inevitable."
José
María Zonta
- "Un trabajo poético
es una afirmación de vida. La poesía de Vilma Vargas Robles
se adentra en lo abismal, es pasión, protesta, diálogo incesante.
Riesgo a todo lo que implica estar vivo en el mundo. Trayendo partes de algunos
de sus poemas digo que Vilma 'es el guardían y la puerta', sólo
la encorva la belleza de un oficio, se inclina abriendo cuerpos mientras se
oye el viento en el borde de un bosque. Estamos solos pero hay música
para escuchar. Hay música en los poemas de Vilma y hay dolor, amor,
rebeldía. Vuelve a la infancia y a la ternura, Vilma mujer, adolescente
niña. Vilma poeta que seguirá abriendo puertas para deleitarnos
con su poesía."
Graciela
Wencelblat, poeta argentina.
- El Fuego y la Siesta,
de Vilma Vargas Robles, es un texto serio, dotado de una visión poética
cuidadosamente perfilada. Revela, en versos cuya fuerza reside en la voz emancipada
de su creadora, la organizada frescura de quien escribe para consumar una
vocación.
De contrastes interesantes,
como lo sugiere desde el titulo, este libro es un ejercicio poético
apretado, de valiosos hallazgos que valen la pena descubrir de verso en verso.
Más allá de esas consideraciones, cada metáfora va apareciendo
como extraída del sombrero de copa de una magia versificadora y animosa;
intima a la vez que expuesta en su propia estética. Estos elementos
fluyen en el poema, integrando aquellos fragmentos que el lector, inadvertidamente
o a propósito, dejó caer entre las páginas de este libro.
Juan
Carlos Caffoll, escritor hondureño
COMENTARIO DE MIGUEL SÁNCHEZ
QUESADA
Entrar
en el mundo de Vilma Vargas, o mejor, entrar a sus poemas es como mirar por
el ojo de la cerradura. No sabemos si observamos el interior de la sala o
es la misma habitación la que traspasa la abertura y nos siente observadores.
Su interior está amueblado de cierta nostalgia. Hay en el siluetas
que pasan y tienen la cualidad en muchos casos de ser simétricas a
esas otras siluetas que andan en el interior de nosotros como observadores.
Parecería esto un ardid filosófico o poético para no
decir nada concreto, pero tal vez la cualidad protagonista de la obra de esta
autora es la mística, dándole a esa palabra el mejor de los
sentidos y no sería yo quien se lo diese ya que ella misma lo hace
a través de sus poemas. Más
que del entorno material que rodea a Vilma, que
desconozco, y tampoco importa demasiado, podría hablar de sentimientos
que me evocan su entorno espiritual y más como compañero aficionado
a las letras que como crítico especializado.
¿Es posible un entorno espiritual?. Los espacios y enseres que acompañan
a sus poemas evocan el olor de fuego de leña, armarios de recuerdos,
horas de siesta y el sol tórrido. Tanto los objetos como las palabras
son lo contrario de un decorado barroco. Los términos son sencillos,
pero tienen la magia de componer combinaciones e incógnitas que frecuentemente
son sorprendentes. Incógnitas que, en algunos casos son diálogos
de la autora con ella misma, como en el poema: Jauría, otros debidos
al juego poético del anonimato, como podría ser en el poema
Timbre o Alero, otros la mística nostalgia como en: Saudade y Turrubares
y otros por el atrevido contraste de las palabras convocadas a estar cercanas.
Otras veces se percibe el dolor ante la tierra ancestral de origen de antiguas
civilizaciones, como en el poema Tegucigalpa. El calor y el fuego persisten
también en el tiempo dilatado de una "siesta", donde las
puertas crujen, promueven a la inclinación de respeto ante múltiples
ruidos exteriores de la vida cotidiana. La complicidad y empatía con
la autora es fácil si el lector no se queda en sus palabras. Son éstas
como una puerta sencilla y velada; hay que mirar por el ojo de la cerradura
y traspasarla para sentir lo que hay en el interior de la habitación.
Barcelona, 26 de junio
2004.
Miguel Sánchez Quesada.*
* Miguel Sánchez es artista plástico y escritor
andaluz radicado en Barcelona, España.
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