LOS REYES MAGOS Y LA MUÑECA
Por Virginia Grütter
Yo sé que va a ser Nochebuena porque comenzó a soplar el viento norte. Cuando el estero se llena de olas tan chiquitas y empinadas que parecen velas, y a los bongos la vela se les dobla como si fueran a volcarse, va a ser Nochebuena. Además porque las tías andan otra vez apuradas escondiendo sus cajas en el cuarto de atrás, como el año pasado. Y se pasan el día entero en la tienda, y hasta de noche no regresan.
Abuela también es otra persona, todo el día de adentro para afuera, muy contenta regañando a Mercedes si se atrasa el almuerzo. En mí ni se fijan, y a veces ni estoy haciendo nada, sólo jugando en la puerta con mis yaxes, y allá te va la regañada como si uno fuera no se sabe qué.
Pero si me llevan a pasear donde los Casabelena, que viven en la esquina de¡ parque donde está la tapia esa muy alta, me restriegan con un trapo mojado con agua y colonia que me quieren dejar sin pellejo, y me ponen la bata de organdí bien almidonada que me araña debajo de los brazos, y me pellizcan si pongo la cara fea. Yo lo que hago es irme para la cocina donde Mercedes, y xecostarme en su regazo, y el delantal1e huele a masa de maíz y a almuerzo acabado de hacer. Ella me hace el huevo pasado por agua nue le queda la clara blanquita y tierna la yema. Yo le ayudo a recoger las astillas cuando pica la leña, y las dos te enseñamos al perico a decir "urria, periquito lindo".
Cuando estaban haciendo la siesta fue que me metí en el cuarto de atrás a abrir las cajas, y me sentía como cuando crucé la calle sin permiso para ir a la barbería, que llegué resoplando y atrás de mí llegaron las tías y de una oreja me trajeron otra vez para la casa, casi a rastras y me vio todo el mundo. Yolanda y Elvira las hijas de¡ barbero me vieron también. Nosotras siempre viéndonos, ellas desde su ventana y yo desde la mía, porque no nos dejan jugar juntas. Casi me arrancan la oreja y así me siento ahora, como cuando me dijeron que me debía remorder la conciencia.
A mí me habían dicho que las muñecas las poner los Reyes Magos en persona en la tienda. Yo me quedi pensando que para qué tanto misterio, si lo mismo da sabet que las ponen en la tienda o que las lleven a la casa primero. Cuando las tías empezaron a preparar los tamales en la mesa grande del comedor y ponían la masa en la hoja de piátano, y adentro las aceitunas y las pasas y los chiles dulces y el arroz teñido con achiote, no sabían que yo sé que lo de las muñecas es como el tamal, que se ve de un modo y es de otro.En eso llegó mi prima Marita.
Marita es esa que habla con la boca pegada. Yc creo que no tiene labios. Vive en el barrio del Carmen y ya usa vestido con cintura. A veces llegan de visita pero la abuela no los deja pasar de la sala. Su papá cuando se sienta, se quita el sombrero y se lo pone en la punta de las rodillas. Yo le dije a Marita lo de los Reyes Magos, que no era a la tienda sino a la casa donde llevaban las muñecas. porque ella siempre cree que lo sabe todo.Entonces fue cuando me dijo:
-Ah chiquilla ésta. Pero ¿no sabes que no hay Reyes Magos ni nada de eso, y que son los papás de uno los que compran los juguetes y después se los ponen debajo de las camas, y que los juguetes los hacen en fábricas y que patatín y patatán?
Yo le grité mentirosa como cuatro veces, pero tuve que salir corriendo porque me daba cuenta que era cierto. Entonces todo eran puras mentira_s. Mentirosas, montón de mentirosas. Las tías y la abuela y todas, todas. Solo quieren que uno esté aburrido y atontado, jugando yaxes y ellas lo hacen todo a espaldas de uno.
Mercedes, ¿por qué no me dijiste nada? ¿ Tenías miedo de que te regañaran? ¿Mentiste o también te engañan?
Que no me vengan a preguntar por qué lloro.Le enseñaré a hablar al perico como si tal cosa, me comeré el huevo como si fuera un huevo cualquiera. Veré pasar los bongos por la tarde y cantaré como si no pasara nada. Pero cuando llegue la noche de la Nochebuena no me quedaré para ver si veo a los Reyes Magos entrar por la ventana.
¿Esperarlos? ¿Esperar a quién? ¿Qué voy a esperar?
Y por eso estoy aquí jugando yaxes debajo del almendro con Yolanda y Elvira. Aunque me arranquen las orejas. Y ellas se me quedan mirando y no saben por qué estoy tan contenta.