Esta nueva edición de Caña brava, aprovechando su centenario, puede tener a corto y mediano plazos, algunos efectos no solo editoriales o para el mercado librero. La literatura costarricense «clásica» —de la primera mitad del siglo XX- merece su recuperación y reconocimiento mediante nuevas lecturas, desde un presente tan distinto e inimaginable para los escritores de esos años. Todos los cambios históricos, materiales, políticos y sociales por los que ha pasado Costa Rica a lo largo de este siglo, desde la aparición de Caña brava, merecen también una lectura crítica, un análisis desde hoy. La Costa Rica, como la vio y la vivió Dobles Segreda, solo se puede evocar o reimaginar desde su literatura de ese tiempo, o quizá desde algunos buenos manuales de historia patria. La nuestra es una historia sobrepuesta a la de entonces, como los tramos recubiertos por donde el tráfico urbano actual entra a la ciudad de Heredia, sobre el viejo y hoy oculto puente del Pirro. Habrá que volver a visitarlo, porque ahí sigue casi intacto, bajo las nuevas capas de asfalto y hormigón, esperando tal vez a que nuevas plumas, máquinas de escribir o computadoras, recuperen algo de aquella alma, con la corriente del agua, sus fantasmas, sus nuevos ruidos o rumores y lo que haya podido persistir de caña brava.
CARLOS FRANCISCO MONGE
EDICIÓN CONMEMORATIVA DEL CENTENARIO DE SU PRIMERA PUBLICACIÓN 1926-2026