Cada una de las partituras que componen este libro no nace del vacío ni de la mera imaginación: están compuestas y montadas a partir de hechos reales, documentados y vividos en distintas épocas de la sociedad costarricense, especialmente por aquellos cuerpos disidentes que han sido atravesados por la injuria, la indiferencia y unamoralidad que juzga, destruye, discrimina y aniquila. En estos pentagramas, Ronald Campos no inventa el dolor, lo transcribe; no exagera la violencia, la revela.
Por eso, leer este primer trabajo dramatúrgico de Campos es aceptar la incomodidad como método crítico. Es reconocer que la historia del odio no es ajena, sino constitutiva de la sociedad que habitamos. Y es, sobretodo, asumir que la interpretación —como en toda partitura— está abierta.